Todo empezó con un bolso que no era como lo había imaginado. Hace más de tres años cogí unas cuentas sencillas e intenté, por primera vez, transformarlas en un bolso.
El primer bolso era blando, sin una forma definida, casi como un pequeño trozo de tela. Había trabajado muchísimo, pero no era lo que había imaginado. Al final lo deshice.
Y volví a empezar.
Durante mucho tiempo probé, me equivoqué, modifiqué y dejé a un lado mis trabajos para volver después a ellos. Cada vez intentaba entender cómo transformar aquellas pequeñas cuentas en algo que tuviera realmente la forma de un bolso.
Luego, el año pasado, decidí intentarlo de verdad. Así nació mi primer bolso negro. Era sencillo, clásico, pero cuando lo vi terminado sentí algo completamente nuevo: «Lo he hecho yo».
Y quizá fue precisamente entonces cuando entendí que no estaba simplemente entrelazando cuentas. Estaba creando algo que antes no existía. Hoy, lo que más me gusta sigue siendo esa misma sensación: empezar con muchas cuentas pequeñas sin saber exactamente adónde me llevarán y, después de horas de trabajo, ver por fin cómo cobra forma algo que solo existe porque lo he imaginado y creado con mis propias manos.
Así nació Adelèlle. De un primer intento imperfecto, de muchos errores, de la curiosidad y de las ganas de no dejar de intentarlo.
El nombre nace de la unión de Adel, de mi nombre, Adelina, y Belle, que en francés significa «bella». Y así nació Adelèlle: un hilo cada vez.